Las madrugadas son los escalones, el libro que no termino, los fantasmas, cada amanecer es una guerra con mi vuelo, con mis piernas. Y en la botella que apareció tirada se quedaron todos esos deseos, los peores y los mejores, comprimidos, nadando en un río de vino blanco, desesperado, queriendo ser arena, pidiendole a un dios de mentira que lo convierta en desierto. La soledad hoy es la contradicción, mi mejor amiga, el poema berreta.
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